Yurek Vazquez Brito

La vida no puede ser mejor de como uno mismo le aprecia.

Biografía

Nací en Cuba un 28 de Febrero en la Ciudad de La Habana. Llegué a Miami el 21 de Diciembre de 1991, después de una larga y clandestina travesía por las fronteras de Nicaragua, Honduras y Guatemala. Una vez superada la odisea y habiendo alcanzado el sueño de llegar a la tierra prometida, un nuevo cielo acogió mis súplicas y un Dios diferente respondía mis peticiones; las palabras no tenían los mismos significados, ni las personas se veían igual. Fue como volver a nacer; y un nuevo personaje pasó a ser protagonista de mi cuerpo.

Entonces surgen historias, aún por ser contadas. Malabares de este camino diseñado para crecer. Tiempos de experiencias, que parecen conspirar con éste universo lleno de pretextos, tirándonos de un lado a otro, con el único fin de hacernos evolucionar al costo que sea necesario; a veces creyéndonos menos, otras, alucinando con ser más; y aunque algunos pensamos que somos el centro de todo, debemos evitarlo si queremos superar el ínfimo espacio que habitamos.

El destino y las leyes del hombre me han convertido en ciudadano del mundo. Haber nacido en Cuba me regaló el calor del Caribe, un terruño en la distancia, nostalgias y angustias del desprendimiento, y la disciplina del desapego involuntario.

He visto pequeñas causas hacerse grande, mientras otras tiradas al abandono solo paren afectados. He sido testigo de cómo las feroces atrocidades del ser humano han resguardado su poder bajo las alas del silencio. Y éstos, ajenos al buen uso de tan preciado culto, en lugar de utilizarle con el único y magnífico fin de abordarse a sí mismo, le utilizan para subyugar y explotar a su semejante. De cualquier manera, duele tanto el silencio de los buenos como las atrocidades de los malos.

Pero también he visto y sentido las bondades. La vida siempre avanza hacia un propósito mayor. No falta un ángel que descienda para agarrarnos la mano. El día es tan necesario como la noche; el mal, tanto como el bien; la sequía, tanto como el diluvio; y a alguien, tanto como a nosotros mismos.

Por tanto, prosiga, ya nos conocemos. 

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